Querido enemigo:
Espero encontrarlo vigoroso, lleno de determinación, listo para batirse a duelo con el fin de sobrevivir y permitir que continúe, in sæcula sæculorum, esta inacabable lucha de la vida contra la vida. Si no es así, lo estará cuando termine de leer esta edición. Lo estará o sucumbirá en el intento.
Por su lado, este Helecho está más listo que nunca para la guerra. Nosotros no olvidamos que gris es toda la teoría y solo verde es el Árbol de oro de la Vida. Les traemos 4365,9 centímetros cúbicos de hojas A5 rebosantes, por donde atraviesa la vida. Artículos naturales, orgánicos, libres tanto de pedantería como de transgénicos, forjados al tenor de la extenuante lucha por la supervivencia. En la atmósfera social nosotros representamos el oxígeno, y si nos portamos en ella como azoe inerte faltaríamos a la misión que nos ha confiado la naturaleza, lo cual constituye el crimen más grave y la más imperdonable de las traiciones.
Basta que el presente no nos satisfaga para que tengamos el deber, que llamaremos orgánico, de destruir todo lo que lo sostiene a fin de preparar la llegada del mañana. Los vamos a hacer mierda aún si eso nos cuesta la existencia. No escuchamos más que la experiencia que nos empuja hacia delante; siempre es más elevada que la que nos retiene o nos echa hacia atrás. Rechacemos todos los consejos del pasado que no nos impulsen hacia el porvenir. La historia nos enseña que, en ciertas circunstancias, conviene ante todo destruir, y que en todo progreso social, el gran trabajo, el único realmente difícil, es la destrucción del pasado. No debemos preocuparnos con lo que edificaremos sobre las ruinas.
Así como los brotes, al crecer, dan origen a nuevos brotes, y éstos, si son vigorosos, se ramifican y se sobreponen por todos lados a muchas ramas más débiles, así también, ha ocurrido con el gran Árbol de la Vida, que con sus cortezas muertas y rotas llena la corteza de la tierra, pero cuya superficie cubre con sus hermosas ramificaciones, siempre verdes y pujantes. La fuerza de las cosas y de la vida se encargará de reconstruir.
No vacilemos en usar hasta el exceso nuestras fuerzas destructivas.
Publicado originalmente en Helecho Social Nº 08.