El otro día mi mejor amiga me convenció de comprar un celular de 256 gb argumentándome que había una crisis de memoria a nivel mundial. Parece que la inteligencia artificial necesita mucho espacio para almacenar datos y su boom, en consecuencia, generó una escasez de diferentes tipos de componentes, aumentando sus valores en todas las definiciones marxistas que conocemos. Hay significativamente menos, cuesta más conseguirlos y las tecnologías que los involucran (todas desde mi entendimiento sociológico), aumentan absurdamente de precio. De este modo, se encuentran desplazados en el orden de prioridad los fabricantes de electrónica de consumo y por eso, me explicaba mi amiga, me conviene comprar un celu con más espacio. Fua lo que me costó escribir esto lpm.
Todo este cuentito me resultó bastante curioso porque hace tiempo que considero que estamos en una crisis de memoria global. Pero no pienso en los discos rígidos, en los SSD o en la memoria RAM. Pienso más bien en la mía, porque cada vez recuerdo menos y olvido más. Pienso también en la nuestra, porque me generaba terror este aniversario de la última dictadura militar y la memoria deteriorada que podemos tener al respecto. Por eso lo que escribo es personal y colectivo. Las crisis nunca se dan en una sola arista, ¿vieron? Hasta las máquinas andan con problemitas para almacenar su información. Estoy bastante preocupada al respecto. Las palabras y las cosas se esfuman de mi palacio mental. Puedo sentir muchísimo y al poco tiempo dejar de tenerlo presente. Puedo sentir algo trascendental solo por unas horas. Algo así como lo que nos pasa con las noticias horribles que leemos a diario. Como cuando pensamos que el intento de magnicidio iba a tener consecuencias sociales, ¿se acuerdan?
Llegué a un punto donde dejé de atribuirle mi amnesia a fumar faso o tomar md de vez en cuando. Hablando con amigos encontré similitudes en nuestras vivencias y me angustié un poquito. Para sorpresa de nadie, mis experiencias individuales no estaban desvinculadas de los procesos más grandes. No soy yo que no recuerdo (aunque realmente no recuerde). En verdad progresivamente perdemos la capacidad de atención y retención. No podemos concentrarnos en nada por mucho tiempo. Nos distraemos cada vez con mayor facilidad. ¿No les pasa que ya no pueden sentarse a estudiar tanto tiempo como antes? ¿No se les hacen largos algunos videos de Youtube y prefieren ver reels? ¿No les parecen cada vez más interminables los teóricos de 4 horas? ¿Cada cuánto necesitan un recreo? ¿No vieron que cada vez más personas sacan el celu en el cine? ¿Cuántas veces se encaminan a hacer algo y olvidan al segundo lo que iban a hacer? Y la lista de preguntas podría seguir. Pero se hace larga y este texto, precisamente, está pensado para que sea corto.
Obviamente el avance de la tecnología no generó solo una escasez de memoria en términos de componentes. La sobreestimulación constante a la que nos somete también nos hace concha, transforma nuestros recuerdos en invisibles y torna nuestra atención efímera. Nos hacen creer que el multitasking es una virtud, cuando en realidad deteriora nuestra capacidad de concentración. De hecho, en realidad no existe. No hacemos muchas cosas al mismo tiempo, solo cambiamos nuestra atención muy velozmente de una cosa a la otra, sosteniendo y reproduciendo un mecanismo adictivo. Para colmo todo esto genera estrés y este, entre otras cosas, perjudica nuestro sueño. Y cuando estamos cansados nos cuesta aún más concentrarnos y retener información. Dejá. Sigan sin mí.
También existe un fenómeno llamado amnesia digital. Básicamente es que olvidamos porque sabemos que hay un resguardo en algún dispositivo tecnológico. El ejemplo más sencillo y boludo es que ya no memorizamos números de teléfono, direcciones y otros datos de ese estilo. Pero en verdad, eso es extensible a todo tipo de información. Descansamos en la idea de que hay un backup de todo y de que siempre se puede volver a acceder a algo. Pero la nube no se encuentra en el cielo y probablemente esté lejos del alcance de tus manos.
Es por esto (y muchas cosas más) que ando con miedo. Tengo miedo de olvidarme de las cosas y no darme cuenta. Tengo miedo de no tener presente ciertos contenidos, siento que pierdo herramientas constantemente. Ya no conozco mi cabeza, parece un laberinto donde solo están a mano las cosas que laburo con regularidad. Me siento con menos potencial creativo, con menos capacidad de asociación de ideas. Veo la mesa y no hay tantas cartas sobre ella. ¿Dónde quedaron todos los pensamientos excepcionales que surgieron de las clases?¿Dónde están mis debates con amigos?¿No habíamos llegado ya a la conclusión de esta discusión? Me da fomo pensar en todo lo que no hice porque pude haber olvidado cosas. La cantidad de textos que no escribí porque no tenía frescos ciertos temas. La cantidad de ideas que perdemos por no recordar.
Y esto último, pensando en un plano bastante intelectual. Pero también se trata de un asunto del corazón. ¿Cómo pude haber olvidado tantos momentos de la fiesta en la que bailamos juntas?¿Cómo puede ser que me la tuviste que recordar al día siguiente? La otra vez pensé que era una gede por escribirte cartas, pero tal vez era la manera que encontraba para que no me olvidaras. No quiero olvidarme de a cuántos recitales fui ni cuáles eran los artistas que veía. No quiero olvidarme de las canciones que me hicieron sentir cosas. No quiero olvidarme de los conceptos que dispararon mil pensamientos y me estallaron los ojos. No quiero depender de que Helecho Social saque una edición para que una idea esté más cerrada y pueda acudir a ella cuando una situación lo amerite. No solo nos está costando mirar el futuro, a veces siento que también perdemos el pasado. Por eso solo vivimos el presente. Por eso cuando me preguntan cómo estoy respondo con cómo me siento ahora mismo. Porque andamos muy volátiles y constantemente olvido por qué estaba feliz o por qué estaba triste. Solo tengo certeza de lo que me pasa en el momento, todo el tiempo siento como si empezara de cero. Bastante una tortura.
Sin embargo, encuentro consuelo registrando cosas. No soy tan buena haciéndolo, me olvido. Pero estoy intentando hacer un esfuerzo lo suficientemente grande. Cuando escribo, queda. Mi diario íntimo se volvió un gran aliado y, desde que existe este fanzine que prioriza el formato físico, me siento un poco a salvo. No dejen de escribir, no dejen que las cosas se esfumen en el aire. Háganse un excel donde guardar todo lo que los conmovió. Hagan listas. Escriban párrafos. Generen un hábito, un rito individual que pueda ser contagioso y conmemore el pasado. No nos dejemos estar.
No saben la cantidad de veces que en terapia me encontré haciendo un esfuerzo grandísimo por recordar lo que había conversado la sesión anterior. ¿Cómo puede ser que haya olvidado esos 50 minutos? ¿No me habían caído 4 o 5 fichas fundamentales para continuar actuando con más sentido y con menos dolor? ¿Qué clase de subjetividad se está produciendo? A veces me espanto tanto que llego a una distopía un poco cómica pero terrible donde todos los martes a las 18 hs mantengo la misma sesión. Me imagino semana a semana partiendo de las mismas premisas y llegando a alguna conclusión muy interesante, un excelente punto de partida para seguir deshilachando en el próximo encuentro, pero que jamás será retomado por estar condenado al olvido en las próximas horas. Ya sé que no va a ser así. Pero los tipos ideales ayudan a aproximarnos y me asusta mucho acercarme a eso. ¿De qué sirve que un recuerdo entre al aparato psíquico para trabajar el trauma si luego va a ser olvidado? ¿Será una de las razones de nuestro afán por repetir nuestra historia? Capaz por eso nos sigue gobernando la misma casta.
Y eso no atañe solo al individuo, no le vamos a cargar esa responsabilidad. La memoria colectiva cumple funciones elementales para la sociedad y también está siendo afectada por la crisis. Como explica Rozitchner, si bien inicialmente es un desafío individual porque supone el enfrentamiento con un terror interiorizado, debemos ser más ambiciosos. No se trata sólo de recordar, de tener el coraje o la voluntad de hacerlo: no se trata sólo de que la imagen de lo temido aparezca nuevamente. Se trata de crear, como suelo que las sostenga, las resistencias subjetivas, sí, pero también las externas y colectivas que en la realidad histórica las venzan e impidan que esos hechos de terror permanezcan impunes: que impidan que se produzca de nuevo. (...) ¿Qué sentido tienen el recuerdo, el coraje, la memoria, si no tienen un cuerpo imaginario colectivo para hacerle frente y resistirle?
Bueno. Hasta aquí llegué. Un profe que muchos conocerán y hace chistes con Los Simpson insiste en que lo único que nunca se nos puede ir es la cosa. Cada una y uno sabrá si alguna vez la alcanzó. Pero no la dejen ir. ¿Por qué? Se los digo yo. En serio. Los quiero.
-Estela Fugaz
>PD: Si les soy sincera, me re olvidé de dónde saqué la data más técnica sobre la degeneración de la atención, la memoria y todo eso. Está en internet. Amnesia digital jajaja. De Rozitchner no me olvido, la cita está en “Contra las máquinas del olvido” dentro de Escritos Políticos.
Publicado originalmente en Helecho Social Nº 07.