Dejando de lado el hecho poco cuestionable de que las necesidades se hallen siempre definidas cultural, histórica y socialmente, es indudable que existe un área de opciones alternativas en relación a los medios y valores dirigidos a satisfacerlas. Esto supone que la autonomía de lo político reposa no sólo en el reconocimiento de que es un centro causal de actos, sino en que es un campo de acción -y no únicamente de administración- en el que es preciso optar entre una gama de soluciones cuya traducción a medidas de gobierno sólo es posible a través de un marco de valores.
Los Ideales son tan terrenales o “materiales” cómo los Intereses , cualesquiera sean. Robert K. Merton señala un teorema sociológico de W. I. Thomas “ Si los hombres definen las situaciones como reales (por más imaginación que hayan puesto en ellas) éstas tienen consecuencias reales.” El pensamiento no surge de ideas que “deben” realizarse, sino de estímulos muy concretos frente a los cuales se elabora una respuesta creativa.
Las formulaciones teóricas de una élite pueden ir mucho más allá de las exigencias concretas de los llamados “intereses de clase” y, lo que es su aspecto más riesgoso, de las posibilidades económicas y sociales que ofrece la realidad. De hecho, muchos intelectuales no tienen una inserción precisa en la estructura económica y su posible representación de intereses suele ser una causa posterior a su pensamiento. ¿A quién beneficiaban las ideas fisiócratas en la revolución de Mayo si no existía aún una clase de productores agrícolas?. La experiencia histórica de nuestra corporación en la política nos demuestra que:
a) Cuanto más participan los intelectuales de la política activa, más probable es que las decisiones tomadas se aparten de los intereses de grupos sociales específicos, entre ellos, los que podrían caracterizarse como “dominantes”.
b) Cuanto más participan los intelectuales en la política activa, más probable es que las decisiones tomadas reposen en un marco de valores inflexible, y, por ello, sea más difícil la adecuación a modificaciones de la realidad (el voluntarismo avasalla al realismo, y la política deja de ser el arte de lo posible). En otros términos, hay más rigidez en las opciones porque hay más fidelidad a los principios. En situaciones de conflicto extremo esa rigidez puede ser inicialmente exitosa si va acompañada de un orden fundado en la violencia, también extrema.
c) A menos que los intelectuales inserten su política en grupos sociales específicos, de gran peso social (y que por eso mismo rebasan el cuadro de la intelectualidad misma), serán desplazados del poder si han accedido a él.
Salgan al mundo, conozcan gente que pueda cambiarlo y, entonces, cámbienlo ustedes.
Publicado originalmente en Helecho Social Nº 06. Páginas del PDF: 11.